Más que un juego
- Tadeo Ramírez
- 4 jun
- 2 min de lectura
Escrito por: Tadeo Ramírez — Entrenador deportivo de OH
Se me enchina la piel de tan solo hablar del Mundial. Creo que, para toda persona joven a la que le gusta el futbol, vivir este evento es una oportunidad para motivarse a llegar a los niveles más altos del deporte y, un día, representar a su país.
Particularmente en nuestro colegio, en la OH, veo esta pasión en los jugadores, lo cual me hace sentir afortunado, pues amo el futbol y tengo la oportunidad de vivir de él y para él.
Una de mis mayores motivaciones es enseñarles a los chicos que, para jugar mejor, hay que aprender a ser felices en la cancha. Por eso, doy mi máximo para que ellos puedan vivirlo plenamente, pues creo que quien más herramientas tiene, más disfruta.
Como formador, creo que el impacto del futbol va mucho más allá del terreno de juego. Más allá de si se llega a Primera División, el futbol y el deporte son herramientas increíbles para formar disciplina en cualquier ámbito de nuestras vidas. Seas abogado, doctor o ejerzas cualquier otra profesión, el futbol tiene la peculiaridad de enseñarte a lidiar con la derrota, levantarte de ella e ir entendiendo que, con el esfuerzo necesario, puedes conseguir lo que quieres.
Mi trabajo con los equipos representativos de Or Hajayim se basa en construir confianza durante los entrenamientos: confianza para explorar su creatividad con el balón; confianza para cometer errores, para que los alumnos descubran su forma única de comprender no solo el juego, sino también el mundo, y crean en su capacidad para intentarlo una vez más. Estos son principios básicos que también aplican dentro del más alto nivel.
Ha pasado con selecciones históricas dentro del futbol: Argentina, Francia y España, que, a base de perseverancia y de dirigir de forma oportuna los procesos, nos han enseñado que hay que confiar en la capacidad de los jugadores para intentarlo una vez más. Pues, si eres capaz de cambiar tu mentalidad y tomar control de tus emociones, puedes trabajar en conjunto para lograr metas que parecen imposibles.
Ahí radica la importancia del trabajo de un formador: enseñar y dirigir para, al final, confiar en la imaginación de los jugadores, además de contribuir a que el futbol se logre vivir de una manera positiva que permita absorber aprendizajes a través de su práctica.
Cuando el futbol se entiende no solo como un juego, sino como un estilo de vida, se convierte en una herramienta que trasciende la cancha y se refleja en la convivencia.
Sé que a la comunidad le encanta este deporte. Por eso, en esta época mundialista, los invito a ver los partidos en familia, a gozarlos y, sobre todo, a copiar lo bueno. Que, como padres de familia, celebremos el respeto, la convivencia y el juego limpio, y evitemos señalar únicamente lo que no nos gusta o no funciona.
Porque, al final, el futbol también se vive y se aprende desde casa.





