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Cuando el corazón viaja primero


Soy el profesor Javier Rubio, “Javi”, como me conocen mis alumnos y compañeros —hace seis años que tengo el privilegio de trabajar con los chicos de Or Hayayim— y hoy les contaré una de las más grandes noticias de mi vida.


En este tiempo, he aprendido muchas cosas sobre el judaísmo, sus tradiciones, sus fiestas… y sobre todo, su gente. Pero nada me preparó para lo que ocurrió en el 2024 sin previo aviso: la Morá Mónica Bettech me abordó para darme una noticia: el Rab. Sitt y las autoridades de la escuela me estaban contemplado dentro del grupo de adultos que acompañaría a los alumnos de secundaria a su viaje a Israel.

“Sentí una mezcla de sorpresa, emoción y orgullo.”

Era una oportunidad única, una invitación profunda a conocer una cultura que había estado enseñando desde lo académico, y que ahora podía sentir más que explicar. Al día siguiente, cuando vi al Rab. no pude contener la emoción, así que lo abracé.La noticia no tardó en llegar a mis alumnos. Y lo que sucedió después fue una ola de cariño, entusiasmo y cosas que jamás hubiera imaginado:


Cada clase se convirtió en un minitour virtual por Israel: los chicos me contaban sobre los lugares que visitaríamos —el Kotel, el Mar Muerto, sinagogas históricas, comunidades diversas— pero también sobre la comida:

“¡Javi, vas a probar shawarma de verdad!”

Las canciones, las fiestas, las historias de sus familias comenzaron a llenar el aula.

Mis alumnos empezaron a darme clases porque sentían la necesidad de prepararme. Querían que entendiera lo que iba a vivir. Así que organizaron horarios para enseñarme hebreo básico:

“Para que no se pierda en el aeropuerto”, decían.

Me explicaban el significado de las festividades, los rezos, hasta cómo debía vestirme en ciertos lugares; incluso, el Moré Gustavo se sumó al proyecto ofreciéndome clases de hebreo.

Me sentí adoptado, casi como si yo también fuera parte del pueblo que camina desde hace milenios. Muchos padres se acercaron a felicitarme, algunos me decían con orgullo:

“¡Ya verá que Israel lo va a enamorar!”

Como quien sabe un secreto y espera a que uno lo descubra por sí mismo.Y justo cuando la emoción era más alta, estalló la guerra.

El viaje, por supuesto, tuvo que suspenderse. Me sentí frustrado, no tanto por mí, sino por mis alumnos; algunos, al igual que yo, nunca habían ido a Israel. Para varios, era un viaje con un significado profundo, casi espiritual, y ver cómo se apagaba esa ilusión fue duro.


Pasaron los meses. La incertidumbre seguía.Y entonces, hace unos días, nos confirmaron que el viaje se reanudaría: volvieron las emociones, las preguntas, las advertencias culinarias, el brillo en los ojos de los chicos, los consejos…


Aunque falta un poco para subirnos al avión, yo ya siento que el corazón viaja por delante. Quizás el viaje dure unas semanas, pero estoy seguro de que la experiencia quedará grabada en nosotros para siempre, porque esto no es solo un viaje de estudios:


es un puente,

una invitación a ver con los ojos del otro,

a caminar por sus calles,

a rezar con sus silencios.


Si todo sale bien, espero traer muchas historias… y sí, probablemente unos cuantos kilos de más por culpa del shawarma.


Ahora solo me queda la curiosidad de saber qué lugar ocuparé en sus recuerdos cuando piensen en este viaje, cómo habrán vivido ellos todo este proceso y si seré el maestro que los acompañó…o el alumno que viajó con ellos.


Escrito por: Prof. Javier Rubio

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